
Martes, 15 de Julio de 2008.
Las 21:30 pasadas. El Auditori del Forum está abarrotado y la electricidad flota en el ambiente. Es tanto el nerviosismo entre la audiencia que casi se puede tocar. Por fin las luces se apagan. El murmullo de excitación se torna clamor al adivinar las siluetas de los músicos ... y entonces aparece el. Una figura recortada en la oscuridad, que se acerca a la tarima central, iluminada por un halo de luz. Ahí esta, con su traje desgastado y su bombín. Pega un zapatazo en el suelo, levantando una polvareda y así da comienzo la ceremonia. Bienvenido, Tom. Llevabamos tiempo esperándote.
A lo largo de su carrera, Tom Waits ha cosechado innumerables sobrenombres: poeta maldito, vagabundo borracho, predicador apocalíptico, buhonero ambulante, ilusionista de circo...
Su música ha sido definida como una deconstrucción vanguardista de blues y folk, con elementos jazzisticos, de cabaret y vodevil...
Todo tópicos. Puede que ciertos, pero Tom Waits es todo eso y mucho más. Intentar catalogarlo con cuatro frases frías y culturetas no haría justicia a unos de los artistas más excepcionales y talentosos de nuestra época.
Nunca olvidaré mi primer contacto con su música: ya había leído algo sobre el cuando me tropecé con Swordfishtrombones en una tienda de discos. Pocas veces me he comprado un album por la portada, esta fué una de ellas. Recuerdo como si fuera ayer poner la cinta en mi cutre radiocasete de doble pletina y el impacto que me causó cuando comenzó a sonar Underground, el primer tema.
A estas alturas os estaréis preguntando si esto es una crónica de su concierto o que coño es. Vale, me estoy yendo por los cerros de Ubeda. Lo cierto es que me resulta difícil plasmar con palabras lo vivido durante las 2 horas y algo que duró el concierto. Tal vez por las sensaciones encontradas que despertó en mi.
Tal vez mis expectativas eran exageradísimas dado quien era...¿o no? porqué recuerdo algunos momentos verdaderamente climáticos ( como cuando tocó esa preciosidad llamada Johnsburg, Illinois al piano ) y pienso que hubiera sido posible, que sin duda hubiera sido el mejor concierto que mis ojos han visto si el repertorio se hubiera enfocado de un modo diferente y Mr. Waits hubiese hecho alguna otra concesión a la galeria. No fue así y seguramente, lo recordaré como uno de los mejores conciertos que he visto, pero no el mejor. Y viniendo de alguien como Tom, que está por encima del resto, me dió rabia.
No se trata de que echara en falta determinadas canciones (que si, las eché en falta) Eso es lo de menos, porqué tiene tantísimas y tan buenas, que sabes que aunque no toque tus favoritas, el repertorio no se va a resentir. Tom lo sabe, y para no aburrirse, cambia constantemente de una noche a otra muchos de los temas. En directo hace gala de una voz todavía más salvaje, cavernosa y descarnada que en las versiones en disco. Retuerce las melodías, las lleva por caminos más oscuros e inaccesibles...Tom es un diamante que se quiere mantener carbón (como su Black Market Baby) Ese es el motivo de que en algunos momentos yo no obtuviera todo el goce que a priori esperaba. Tengo algunas canciones suyas tan metidas dentro, y el las gruñía, bastardeandolas de un modo tan diferente...sumado a eso, amagar el riff de la brutal Goin' Out West para luego pasar de ella y dejarnos salivando, o acortar el bis a dos canciones (acostumbra a tocar tres) siendo la última una revisión (poco adecuada para cerrar) de Dirt In The Ground, tampoco ayudó a que saliera del recinto flotando en un éxtasis divino.
Salí más bien con una mezcla de emociones contradictorias: Por un lado feliz porqué hubo momentos sobrecogedores, porqué el sueño se cumplió y había valido la pena. Por otro apenado, por no exprimirlo todo lo que esperaba y porqué tenia la triste sensación de que no volvería a tener oportunidad de ver a Tom de nuevo...
Ahora recuerdo cuando, días antes del concierto, alguna gente me miraba escandalizada cuando les decía el precio que habíamos pagado por la entrada. Y la verdad es que en ese sentido no me arrepiento para nada. Si pudiera volver atrás, lo que si haría seguramente seria comprarme la entrada para verlo también el día anterior. Y es que en el fondo 2 horas de Tom me supieron a poco. ¡Un doblete hubiera estado tan bien! Y al acabar el show, con ayuda de Roser, lo hubiera secuestrado y nos lo hubiéramos llevado a casa. Porqué que te toque la mágica Innocent when you dream al piano de ese modo, y poder vivirlo con alguien especial al lado tuyo, para quien sabes que esa canción también significa tanto...eso no tiene precio, my friends. Y, claro, estaría bonito poder vivir eso cada noche.
Conforme pasan los días, y las emociones se van reposando, la balanza va cayendo cada vez más del lado de la satisfacción.
Antes he dicho que probablemente no fué el mejor concierto de mi vida. Pero cada vez tengo más claro que fué algo único, mágico e irrepetible.
Jamás veré a Frank Sinatra.
Tampoco a Elvis.
Ni a James Brown, ni a Billie Holiday.
Pero desde ahora podré decir con orgullo que si, que por fin he visto a Tom Waits.

Ilustración cortesia del gran "Magic Hands" Sagar





